parte II

Mi mentalidad enfermiza hizo que te ponga al centro de todo, al centro de mi universo. Fue fácil hacerlo. Conocía a todos tus amigos y ellos me aceptaron como una de ellos. Entre alcohol, cigarros y risas nos hicimos más íntimos. Sabías lo que me molestaba, lo que me alegraba, lo que me asustaba, mis mayores secretos y temores; pero mi ceguera no me permitió ver que no me querías como yo lo hacía. Fue en ese momento donde apareció tu mejor amigo. Se convirtió en mi confidente, mi roca, la persona a la que acudía cuando sentía que el mundo se venía encima… y yo me convertí en la suya.

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